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id da página: 8170 Clemente de Alexandria ESTUDOS Clemente

Fernandez Clemente de Alexandria


Excertos da introdução de Angél Castiñeira Fernández, da tradução de Joan Sariol Diáz do Pedagogo

Al final de la introducción a El Pedagogo afirma Clemente:

«De esta manera, el Logos — que ama plenamente a los hombres —, solícito de que alcancemos gradualmente la salvación, realiza en nosotros un hermoso y eficaz programa educativo: primero, nos exhorta (nos invita a la conversión); luego, nos educa como un pedagogo; finalmente, nos enseña» (I 1, 3).

Los tres objetivos atribuidos al Logos divino en la vida del cristianismo corresponden a lo que se ha dado en llamar, en los escritos de Clemente, su trilogía. Tres obras que intentarían desarrollar el cometido 1.°) del Logos-Protréptico, o exhortador a la conversión, 2.°) del Logos-Pedagogo o formador moral del bautizado, y 3.°) del Logos-Maestro que conduce al buen cristiano al Conocimiento perfecto o Gnosis.

La primera obra, El Protréptico, nos aproxima aún más a la tradicional teología apologética de todo el siglo II, donde es claramente manifiesto el esfuerzo racional por colaborar en la creación de un discurso de exhortación que favorezca la conversión del pagano, criticando, al mismo tiempo, las creencias paganas en misterios ocultos o en la mitología antigua. Aunque, en el caso de Clemente, está ya ausente una nota típica de la mayor parte de apologistas anteriores: la defensa del cristianismo contra las falsas acusaciones y calumnias de las que era objeto.

Cual si de un programa educativo griego se tratara, la acción del Logos divino es progresivamente ascendente. La exhortación, primero, la educación, después, y, por último, la enseñanza responden a un plan previa y racionalmente planeado. Esta lógica sucesión, entre El Protréptico y El Pedagogo al menos, queda explicitada al comienzo de la introducción antes mencionada. Dice Clemente, aprovechando la distinción de la naturaleza humana realizada por Aristóteles1 :

«De las tres cosas que hay en el hombre: costumbres, acciones y pasiones, el Logos Protréptico se ha encargado de las costumbres... Un Logos preside también nuestras acciones: el Logos Consejero; y un Logos cura nuestras pasiones: el Logos Consolador2 ... Ahora, actuando sucesivamente en calidad de terapeuta y de consejero, aconseja al que previamente se ha convertido, y, lo que es más importante, promete la curación de nuestras pasiones. Démosle, pues, el único nombre que naturalmente le corresponde: el de Pedagogo» (Ped. I 1, 1.3-7).

El Logos de Dios — término, como nos recuerda Henri-Irénée Marrou, empleado conscientemente por Clemente de forma ambigua, en tanto que designa a la vez el discurso redactado, la razón humana, la razón increada, el Verbo divino, la Segunda Persona de la Trinidad, el Salvador, Cristo, Jesús — asume, por tanto, las tres funciones principales adaptadas a los tres elementos constitutivos del hombre. En cuanto Logos-Pedagogo su función es práctica, la de educador, no experto, no teórico (cf. I 1, 4); su objetivo es la mejora del alma, no la enseñanza, como guía que es de una vida virtuosa, no erudita» (Ped. I 1, 1.3).

El Pedagogo cumple una tarea intermedia y esencial entre la conversión y la vida perfecta.

Queda, pues, aún por realizar la tercera tarea de la acción del Logos: la enseñanza del Maestro que conduce a la Gnosis. Todo parece indicar que Clemente tenía intención de componer una tercera obra titulada El Maestro y que estaría dedicada al nivel superior de iniciación religiosa (posteriormente realizada por Orígenes) o alta teología. Ésta consistiría en una enseñanza sistemática, científica, de contenido dogmático, donde se realiza la exégesis de los enigmas y parábolas de las Escrituras y donde las enseñanzas más elevadas alimentan la contemplación o theoria del gnóstico. ¿Coincide esta intención con la tercera obra conocida de Clemente titulada Stromáteis (Tapices)?. Los especialistas no llegan a un acuerdo. J. Quasten afirma, junto con algunos otros, que «Clemente no poseía las cualidades que se requieren para escribir esta clase de libros» y que «abandonó, pues, su plan primitivo y escogió el género literario de los Stromáteis». H.-I. Marrou, sin pronunciarse definitivamente, afirma que, al menos en alguna ocasión, los Stromáteis cumplen la función atribuida al Logos-maestro.

Sea o no ésta la intención de los Stromáteis, es indudable que Clemente sigue en sus escritos el modelo de enseñanza común a las escuelas filosóficas del helenismo, tan practicado por los efebos atenienses en los concursos literarios durante los años 180-192 d. C.23. Desde los tiempos de Aristóteles las leyes del género estaban fijadas. Las introducciones exhortativas en forma de Protréptico, animando, por ejemplo, al estudio de la filosofía o a la elección de la medicina, pueden encontrarse en Aristóteles, Epicuro, los estoicos Cleantes, Crisipo y Posidonio. Galeno (contemporáneo de Clemente), o en el mismo Hortensius de Cicerón (cuya lectura supuso la «conversión filosófica de S. Agustín). El paralelo entre la «conversión a la filosofía» y la «conversión religiosa» no pasó desapercibida a Clemente. Al mismo tiempo, el esfuerzo de purificación moral que, como segunda etapa, corresponde al Pedagogo aparece también como una etapa clásica obligatoria que prepara al nivel de estudios superiores contemplativos impartidos por el Maestro.

Por último, al hacer coincidir la enseñanza del Logos-Maestro con la verdadera Gnosis, Clemente parece intentar aprovechar la doctrina gnóstica de la época, que afirmaba que la realidad divina (Primer Principio o Super-principio) se manifiesta en Inteligencia (Nous) y Verbo (Logos) u Hombre Primordial. La verdadera Sophía por la que los hombres serán regenerados y salvados será identificada, en Clemente, con el Logos-Hijo o enseñanza de Dios transmitida en las Escrituras y, especialmente, en el Nuevo Testamento (Ped. I 2, 4 y 6). De este modo, el aprendizaje, la formación y el conocimiento deben ser ahora tarea de la religión:

«La religión es una pedagogía que comporta el aprendizaje del servicio de Dios, la educación para alcanzar el conocimiento de la verdad, y la buena formación que conduce al Cielo» (Ped. I, 7, 53; cf., también, I 12, 99).


NOTAS

1 Aristóteles utiliza dicha distinción para analizar el poder expresivo de la danza (cf. Poética 1447a28).
2 Clemente utiliza el vocabulario de filosofía moral extraído del estoicismo. En Séneca (Ep. 95, 65) podemos encontrar el equivalente en latín (exhortatio, suasio, consolatio).